“Cultura y turismo son una grata fusión que trae beneficios, cambios y responsabilidades, sobre todo para esos grupos de personas y poblaciones que aún mantienen una manera de vivir ligada al entorno natural.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sazonando recuerdos es asomarnos a ese milagro de finales del siglo xx que fue la costa caribeña costarricense, al diminuto pueblito de Puerto Viejo, minúscula reunión de familias afro caribeñas que en los años setenta solamente los domingos recibían visitas de los vecinos y familiares de Limón.  Pueblo olvidado sin agua de cañería y sin servicio de electricidad hasta 1986, y sin embargo en un 80% autosuficiente; donde el tiempo transcurría “a empujones”, podíamos saborearle el gusto a la vida y deleitarnos con la tibia conversión de cada rayo de sol, donde los amaneceres y las noches estaban llenos del arrullo de grillos, ranas y búhos y se comenzaba el día lentamente con un huevito que acaba de poner la gallina de Miss Linda, frito por Miss Verónica en aceite de coco, y con un calientito Journey cake que Delroy traía de Miss Isma.

 

Después de la pereza del desayuno lo mejor era caminar por la solitaria playa “para hacer algo”, estirar los pies y emparejar el bronceado buscando el trillo hasta Manzanillo.  El gusto por enterrar los pies dentro de la arena al caminar, sentir el cosquilleo del dorado grano rozar nuestra piel, caminar disfrutando cada metro de paisaje y cada kilómetro de horizonte, respirar el aire hasta que tus pulmones digan: gracias! … y seguir con la charla hasta zambullirse en una de las pozas de Playa Chiquita; encontrarse en el camino a un joven Daniel Brown con su carga de langostas……cenar en el pueblo el rice & beans que servía Selvín donde Standford’s, hecho por su hermana Helena, o satisfacer cuerpo además de espíritu con una sopa de mariscos allá, a la par de la disco, adonde Johnny León.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Puerto Viejo es su gente, su mar y su tierra,…. sensaciones y buena cocina…!

 

Con la lectura de este álbum de recuerdos, encontraremos que la mezcla de está convivencia tan identificada con su entorno como medio de subsistencia, florece espléndidamente en su cultura culinaria, pues es en ella en donde de manera práctica se unen tradición y nutrición.  La premisa fundamental es la comprensión de que para comer bien no se necesita de mucho dinero, en el caso de los primeros pescadores y por cientos de años de los agricultores e indígenas, la producción familiar y el intercambio dieron sabiamente la solución a la sana alimentación.

 

La descripción de las propiedades vitamínicas y el rastreo del origen de los productos y condimentos principales ocupan un lugar importante, porque los productos básicos de los pobladores propios de la costa talamanqueña provienen enteramente de la natura circundante. Aún hoy es sumamente agradable acercarse a la playa de “El parquecito”, -en el centro del pueblo-, porque simplemente al salir de la calle y pasar bajo la sombra del almendro hacia la playa, se trata de buscar un “campito” sobre un bote o un tronco y prepararse para disfrutar del túnel del tiempo al aire libre, que te hace revivir la llegada de los pescadores; respirar el olor a pescado fresco, escuchar las risas, las anécdotas, el patuá, tal y como seguramente fue hace 30, 50 o tal vez cien años atrás, sólo que está vez, los pescadores, -además del veterano vecino Rolando Hansel-, también son, y en mayoría, los hijos, los sobrinos de los pescadores tradicionales, son los jóvenes, quienes también surfean, y saben hacer rondón porque aunque el turismos crece y el pueblo cambia, tal y como dice Edwin Patterson,

 

Se ha entendido el progreso como la construcción y el crecimiento urbano, y se ha olvidado que los factores naturales no pueden ser controlados por el hombre.  La destrucción de humedales por ejemplo, hará desparecer la fuente de agua de la montaña cercana.  Tratar a la  montaña o al mar o al hombre de manera irresponsable, simplemente conlleva la desaparición de fuentes de vida, de identidades propias y de sistemas válidos de crecimiento.  Y cuándo la tradición, la identidad de la gente y la naturaleza se pierdan, entonces, qué nos hará fuertes y diferentes?

 

Descarga “Comida Caribeneña”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación del libro

Identidades como construcciones culturales

 

M.Sc. Carolina Jiménez A.

Agosto 30, 2007

 

Deseo aprovechar este momento sobre todo para hacer públicos mis agradecimientos, porque este librito tiene varios tíos, varias madrinas, y muchos protagonistas. Primero que todo deseo agradecer a mi esposo, René, porque él fue quien me empujó a trabajar con la comunidad; también al Sr. Edwin Patterson, quien como el buen líder comunal que es, siempre ha dado importancia al trabajo con los jóvenes y a la lucha por mantener la identidad afro caribeña y fue quien me “pasaba” los proyectos culturales.  Dentro de estos planes de trabajo que a veces teníamos, surgió la motivación por parte del Ministerio de Cultura para promover el Programa de Becas Taller en el pueblo y luego de que logré montar varias propuestas, conseguimos dos becas ese año.   A partir de este trabajo con la comunidad es que el Sr. Mario Rojas, de ese Ministerio, me impulsa a participar dentro del programa y obtuve también una Beca Taller para realizar una investigación que en un principio trataba sólo sobre la comida caribeña local, pero que con el avance de las entrevistas muestra que las conversaciones espontáneas aportaban muchos datos valiosos, como las anécdotas o las referencias históricas que se podían tejer alrededor de las recetas, y de esta forma la investigación se convirtió en una especie de crónica, de “álbum de recuerdos”, como me gusta llamarlo.Agradezco entonces de corazón, a las personas que participaron conmigo en la construcción de este recetario, a mis vecinos, quienes también son mis amigos en Puerto Viejo.  En realidad intenté escribir siempre de una manera sencilla y pensando en que se pueda hacer una lectura completa en cualquier parte que se escoja, ya sea para probar realizar una receta, para entretenernos con la anécdota o para aprender o recordar la historia de Puerto Viejo, que es nuestra historia también.

Luego de que la investigación se completó, nuevamente entonces mi agradecimiento al Sr. Mario Rojas, pues me sugirió la publicación de la investigación en libro y muchísimas gracias al Consejo Editorial de la EUNED por haber acogido la propuesta, porque definitivamente es un prestigio ser publicado por esta editorial, y sobre todo porque en Don René Muiños, José Daniel Villalobos, Jorge Delgado, Eli, y el personal de producción, encontré, no sólo calidad técnica, sino amigos que perduran.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También quiero dar un agradecimiento especial a mi fotógrafo Jorge Albán Dobles, por su paciencia y por la excelencia profesional en su trabajo conmigo. Finalmente quiero dirigirle unas palabras a don Quince Duncan, porque para mí es un grandísimo honor compartir esta presentación con usted don Quince, porque cuando don René me comentó acerca de presentar mi librito junto con su más reciente publicación, de inmediato recordé que cuando yo era adolescente en mi casa, que era el hogar de una filóloga, siempre estábamos leyendo buenos libros, porque la principal preocupación de mi madre fue darnos una excelente formación, sobre todo dentro del marco de la cultura costarricense, y me resulta el día de hoy muy emblemático, porque en el año 1972, cuando tenía doce años, en mi casa se empezó a hablar de la investigación que estaba realizando Quince Duncan, quién se atrevía a escribir abiertamente sobre “el negro en Costa Rica”, tal y como se titula el libro y bueno, cuando salió la publicación ese mismo año, no sólo fue una lectura muy esperada sino que don Quince pasó a ser uno de los intelectuales costarricenses más respetados en mi familia, y desgranar este detalle de mi formación cultural me parece muy simbólico, sobre todo en estos días cuando una coyuntura política tiene en disyuntiva la realidad social y cultural de nuestro país y nos mueve a replantearnos el significado del ser costarricense, tanto así que personalmente yo hasta tengo una nueva definición que dice así, costarricense (2 puntos): todos los que no tenemos un condominio de lujo en las playas de Guanacaste, (coma) … ni las playas de Guanacaste! ….. por favor, defendamos nuestra soberanía!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Criticas al libro

 

ABANICO

San José, Costa Rica, Jueves 14 de agosto de 2008, 10:48:15.

 

 

“LA RONDA DE LOS LIBROS”

 

Por Alfonso Chase



Carolina Jiménez (1960) es una artista que a su vez es como una duenda, ¿se dice así?, que es una investigadora, que también es historiadora del arte, pero sobre todo ama a la naturaleza y hace de la vida un impulso social hacia la armonía, según nos cuentan unos amigos de la Alta Talamanca, que me recomendaron este libro. Más allá de la literatura con carácter étnico, esta obra es una restitución al saber olvidado, por el paso de la falsa civilización en Puerto Viejo y uno de los sitios más emblemáticos del Caribe, antes de que Limón se convirtiera en un sitio de deprede por parte de los visitantes irresponsables y los propios habitantes, atacados sutilmente por la codicia y la desidia, obligados a ganarse la vida en la manera que todos sabemos: trabajando muchas veces al servicio de los otros. Por eso es importante este libro: porque delante, dentro y detrás de cada receta recopilada se expone una historia en una original manera de dar a conocer a los habitantes, los de siempre y aquellos que llegaron del afuera, para quedarse y amar a la región como sus propias tierras de origen. El método de organizar el libro es ecléctico pero nace de las especies y condimentos, los tubérculos y los frutos, para dar paso a asuntos más sofisticados como son los platos por sí mismos, en ese complejo arte de la cocina vernácula, la original del Caribe afrolimonense, con el toque de otras culturas que nos propone el mestizaje de las recetas. Algunas son raras, otras simples en el conocimiento más amplio, pero todas emergen como una forma artística, según puede percibirse por el proyecto final definido en las fotografía, pero sobre todo en el elemento humano que nos presenta Carolina Jiménez, que hace de la cocina limonense, puerto-viejana, algo existente por su propia presencia, el acopio del ingenio humano presente en cada receta, que es también, en colectivo, la historia de una región y sus gentes.

La autora escribe de manera coloquial, respetando algunas veces el habla regional, como es, combinando muchas veces el español criollo con el aporte del inglés más refinado, como sucede con las personas más ancianas de Limón. Los apartes 9 y 10 me parecen muy bien definidos: panes, pasteles y galletas primero y luego unas exquisitas, especiales, como ella lo afirma, que pertenecen a la cultura mestiza del Caribe, hasta las Guyanas y un poquito el Caribe, que todavía sobreviven al avance de la horrible comida chatarra que, por suerte, no logra arrinconarlas. Al rescatar la tradición gastronómica la autora también rescata las voces, las imágenes, los rostros de personajes entrañables que hacen de su labor un rito y los cuales forman parte de la historia de Puerto Viejo, en ese no solo sazone de recuerdos, sino también de sancochar la historia, para hacerla más libre, más múltiple, más voz colectiva de esa Costa Rica encerrada en el Valle Central.

El libro se complementa con las hierbas medicinales (bushes), la lista de colaboradores y un glosario más una bibliografía. Las fotografías, a color, son de ese mago que es Jorge Albán Dobles, que retrata a las gentes y a los platos como si fueran lo que son tesoros preciosos para la historia de nuestro tiempo. Un libro para chuparse los dedos, o más respetuosamente: hacerse la boca agua. Más un mapa, que hay que ver con lupa, y una pequeña historia de esos lares.

 

 

“UN LIBRO DELICIOSO”

 

Por Rodrigo Soto

 

Nunca mejor dicho. El libro “Sazonando recuerdos –anécdotas, historia y recetas de cocina de Puerto viejo de Talamanca” es delicioso por donde quiera que se lo mire: por su exquisita presentación –excelentes fotografías, diagramación e ilustraciones–, por su escritura sencilla y a la vez delicada –anécdotas, historias de vida– y, desde luego, por las recetas de cocina que contiene. Es, por ello, un libro inclasificable en el que convergen la historia oral, la antropología, las artes culinarias, en fin... La autora es pintora e historiadora del arte y eso arroja algunas claves sobre la primorosa edición y sobre su enfoque, a la vez multidisciplinario e integrador.

 

Inevitable mencionar como antecedente del libro que nos ocupa al ya clásico “Wa´aping man” de Paula Palmer. Inevitable también mencionar el excelente “La magia de la cocina limonense” de doña Marjorie Ross de Cerdas.

 

Sin embargo “Sazonando recuerdos” tiene otras características, pues ni es solamente un libro de “folk history” –como el de la Sra. Palmer–, ni es tampoco, en sentido estricto, un libro de cocina, como el de la Sra. Ross.  Es ambas cosas y algo más, pues de entrada renuncia a la pretensión científica del de la Sra. Palmer, y a diferencia del de la Sra. Ross pone especial énfasis en los personajes del Puerto Viejo de hoy. Ello lo convierte en algo sustancialmente distinto, más aún con el delicioso sazón de sus imágenes.

 

El libro incluye fotografías tanto en color como en blanco y negro. Buena parte son retratos –nunca individuales, siempre de familias o al menos de parejas (amigos, madres e hijos, etcétera)–, y algunos resultan verdaderamente memorables.

 

No viene al caso hacer discursos seudopolíticos acerca del abandono, el desconocimiento y el olvido en que esta región ha permanecido para buena parte de la población del país. Basta decir que quienes tengan interés en hacerse de (o regalar en estas navidades) un libro hermoso, entretenido y –¡como si fuera poco!- útil, tienen aquí una magnífica opción.

 

Nada más y nada menos que eso.

 

 

 

 

Carolina Jimenez A. Derechos Reservados®2016

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